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Pegaso, el caballo alado de los dioses griegos




Estatua de Pegaso
Fotografía perteneciente a
Dan The Cranberry






Pegaso



Pegaso, caballo alado de pelaje blanco y ojos negros, fue engendrado por Poseidón y la gorgona Medusa, y nació tras el sacrificio de ésta llevado a cabo por Perseo.

Etimológicamente, el nombre de Pegaso tiene su origen en la palabra “Pegé”, que significa “fuente”. Las leyendas asociadas a este animal mitológico muestran un motivo recurrente en el agua, como veremos a continuación.





Pegaso y Perseo



Se puede decir que Perseo fue el héroe griego que dio la vida a Pegaso. No fue algo premeditado ya que Perseo se disponía a realizar una misión bien distinta.

Todo sucedió a raiz de que Polidectes, el rey de la isla donde creció Perseo, se enamoró de Dánae, madre del héroe y amante de Zeus. Para cortejarla quiso que Perseo se marchara de la isla, ya que éste nunca habría permitido que Polidectes molestara a su madre. Por entonces, Perseo, se había convertido en un valeroso joven dotado de gran fuerza física, por lo que Polidectes consideró que la mejor manera de deshacerse de él era retarle en una misión difícil de conseguir, en la que posiblemente el joven perdiera la vida.

Durante un banquete, Polidectes retó a Perseo, recurriendo al engaño para que sus intenciones no fueran descubiertas, y fue así que Perseo prometió que traería la cabeza de una de las gorgonas, concretamente la cabeza de Medusa, un monstruo cuyos cabellos eran serpientes, y su rostro era tan aterrador que convertía en piedra a todo aquel que se atreviera a mirarlo.

Existían tres gorgonas, Esteno, Euríale y Medusa. Las tres eran hijas de Forcis y Ceto, divinidades marinas nacidas de la unión entre Poseidón y Gea. Formaban parte del llamado “Panteón Preolímpico”, cepa prodigiosa de diversos monstruos.

Las tres Gorgonas
Gorgonas
Fotografía perteneciente a

Era Atlanta


Las tres gorgonas estaba provistas de alas de oro que les permitían volar, tenían formas femeninas, aunque la más semejante a una humana era Medusa. Poseían ojos brillantes, serpientes en lugar de cabellos y colmillos semejantes a los del jabalí, con cuello escamoso y manos de bronce. Sus ojos tenían el poder de convertir en piedra a todo aquel que los mirara directamente.

Medusa era la única gorgona mortal y su aspecto era muy semejante al de una mujer. Poseidón osó unirse a ella en un templo de Atenea, la cual se sintió ofendida y juró venganza a la gorgona.

Busto de Medusa de Bernini
Busto de Medusa
Fotografía perteneciente a
queremosverle


Gracias a la ayuda de Hermes y Atenea, Perseo consiguió llevar a cabo la hazaña. En primer lugar acudió a las Grayas, en busca de información sobre el lugar en el que encontrar a las Ninfas. Las Grayas eran hermanas de las gorgonas, terribles ancianas que vivían cerca de la morada del Gigante Atlas. Las tres estaban obligadas a compartir un único diente y el único ojo que tenían, los cuales se pasaban por turnos para poder ver y hablar.

Perseo obtuvo la negativa de las ancianas a desvelar el paradero de las Ninfas, así que, con un veloz gesto, Perseo les arrebató el diente y el ojo con el fin de forzarlas a hablar si querían recuperarlos. Las Grayas aceptaron y le indicaron el camino para llegar a las Ninfas.

Las Grayas
Grayas
Fotografía perteneciente a
Pigs with Crayons
Perseo y las Grayas
Perseo y Las Grayas
Fotografía perteneciente a
SOBRELEYENDAS


Las Ninfas entregaron tres objetos mágicos que le ayudarían a matar a Medusa: unas sandalias aladas, mediante las que podría llegar a la morada de las gorgonas sin ser visto ni escuchado, un zurrón donde poder meter la cabeza de Medusa una vez le fuera cortada, para que el poder de su mirada no afectara a Perseo en su viaje de regreso, y el casco de Hades, que poseía la propiedad de hacerle invisible.

Las ninfas arman a Perseo, de Edward Burne Jones (1900)
Las ninfas arman a Perseo
Fotografía perteneciente a
Pixelteca


Finalmente, Hermes le proporcionó una espada de acero afilada con punta de hoz, para cortar el duro cuello de Medusa. Atenea le proporcionó un escudo, de haz brillante semejante al más puro espejo, gracias al cual podría ver a Medusa sin que esta lo fulminara con su mirada petrea.

Perseo armado por Hermes y Atenea. Bordono Paris (1545-1555)
Perseo armado por Hermes y Atenea
Fotografía perteneciente a
Pixelteca


Así armado llegó Perseo a la morada de las gorgonas, situada en el extremo Occidente, no lejos del reino de los muertos. Cuando Perseo descendió suavemente, gracias a sus sandalias aladas, los monstruos estaba dormitando. El casco le hizo invisible para ellas, localizó a Medusa y mediante el escudo se acercó a ella sin mirarla directamente, ya que en el caso en que la gorgona despertara bastaría solo una mirada directa a Perseo para convertirlo en piedra. Cuando estuvo seguro de poder hacerlo, desenvainó su espada lentamente y antes de que Medusa pudiera atacarle sesgó su cuello, cayendo la cabeza a pocos pasos del héroe. El joven tuvo que apartar la vista para agarrar la cabeza por los cuerpos retorcidos y enfurecidos de las serpientes que de ella crecían, y así mientras se disponía a guardar la cabeza de Medusa en el zurrón, ocurrió un hecho que le sorprendió en sobremanera, de la sangre que brotaba del cuello de la gorgona emergieron dos criaturas, un caballo alado, blanco, de ojos de onix, con alas de cisne y crines plateadas, Pegaso, y un gigante de inmenso cuerpo, armado con una espada de oro, el Gigante Crisaor.


Perseus de Benvenuto Cellini
Perseus
Fotografía perteneciente a
Wikipedia


Medusa de Caravaggio, de 1597
Medusa
Fotografía perteneciente a
La Belle Dame Sans Merci

Pegase Meduse Persee
Fotografía perteneciente a

Ayacata7


Al ver semejante espectáculo, y temiendo al monstruoso gigante, se apresuró a meter la cabeza de Medusa en el zurrón y huyó volando sin que las otras dos gorgonas pudieran verle.

Pegaso se elevó en el cielo, arropado por la libertad que le proporcionaba el viento. No volvió a tener otro encuentro con Perseo, a pesar de la falsa idea que pudieran dar en algunas pinturas y algunos films cuyo nacimiento ha sido omitido o tergiversado, al igual que este hecho, y es que Perseo no estaba en absoluto interesado en Pegaso, pues las alas de sus sandalias le bastaban para surcar los aires en su viaje de vuelta desde la morada de las gorgonas.

Con respecto a Perseo, hay que decir que tuvo que enfrentarse a muchas más misiones encomendadas por Polidectes antes de que el joven descubriera las intenciones del villano, pero todas estas aventuras del héroe podrán leerse próximamente en un artículo sobre personajes de la Mitología.



Pegaso y Belerofontes



Belerofontes montando a Pegaso, obra de Giovanni Battista Tiepolo
Belerofontes montando a Pegaso
Fotografía perteneciente a
Lib-Art.com


Belerofontes, hijo de Poseidón, engendrado de la unión con una humana, Eurímede, y acogido como hijo por Glauco, esposo de Eurímede. Era descendiente de una casa real de Corinto, su nombre original era Leofontes, pero lo cambió por Belerofontes (Asesino de Bélero) ya que había dado muerte al tirano Bélero. Sin embargo no fue a la única persona a la que dio muerte, pero en esta ocasión de manera accidental, asesinó a su hermano Pirén y por este hecho fue exiliado.

Para volver a su patria debía purificarse y para ello acudió al rey de Tirinto, Preto que lo acogió como huésped mientras se purificaba. Pero de nuevo se vió en un conflicto, ya que la esposa de Preto, Estenebea, se enamoró de Belerofontes. Ante la negativa de éste a corresponder a su amor, la mujer acudió en venganza a su marido y acusó a Belerofontes de intentar seducirla y hacerla suya. Preto, como marcan las costumbres griegas sobre la hospitalidad, no podía dañar a Belerofontes, de modo que, sin desvelar sus intenciones, envió a Belerofontes como portador de una misiva para el rey de Licia, Yóbates, suegro de Preto, en la que explicaba su deseo de que se diera muerte al portador de la misiva. Yóbates, consideró matar a Belerofontes retándolo a realizar una hazaña de la que difícilmente saldría vivo, le propuso matar la Quimera, un monstruo de gran porte con busto de león y cuerpo de dragón, con cabeza de cabra de grandes y retorcidos cuernos, que exhalaba llamaradas de fuego para matar a sus enemigos.

Belorofontes aceptó llevar a cabo esta empresa tan peligrosa, y acudió a Atenea para recibir consejo. La diosa le recomendó servirse del caballo Pegaso, que desde su nacimiento volaba salvaje por los cielos sin posarse más que para beber en el río Pireno a la caída de la noche. Para poder domar al caballo alado, le regaló una cabezada con bocado de oro, la cual una vez puesta, llevaría a Pegaso a someterse a su dueño.

Fue así que, un atardecer, ya a la incipiente llegada del crepúsculo, Pegaso bajó volando suavemente a la orilla del río Pireno, cerca de Corinto, para saciar su sed. Belerofontes, lo aguardaba escondido en la maleza. Consiguió sorprenderle antes de que emprendiera el vuelo y atraparlo con un lazo. Dura fue la lucha hasta que se hizo con la confianza del corcel, y pudo domarlo gracias a la cabezada con freno de oro que le proporcionó Atenea.


Pegaso, Belerofontes y Atenea
Fotografía perteneciente a
De Reyes, Dioses y Héroes

Belerophon on Pegasus
Fotografía perteneciente a
Hellados.ru

Pegasus by Jan Boeckhorst (1604-1668)
Pegasus
Fotografía perteneciente a
TheEquinest


A lomos de Pegaso, Belerofontes pudo matar a la Quimera y volver victorioso a la casa de Yóbates, cuyo desconcierto fue enorme. El rey volvió a poner a prueba a Belerofontes con otra hazaña de difícil cumplimiento, derrotar a los Solimos, pueblo de guerreros que se resistía firmemente a ser conquistado por el rey. De nuevo, Belerofontes regresó victorioso de esta nueva empresa a lomos de su cabalgadura alada. Yóbates volvió a idear una nueva misión para Belerofontes, aún más peligrosa, aniquilar a las Amazonas. Belerofontes, gracias a la protección que le proporcionaba la altura de vuelo de Pegaso y sus majestuosos picados hacia el enemigo, logró matar a las Amazonas. Yóbates no salía de su asombro y cada vez mayor frustración por el fracaso sucesivo de sus planes para con Belerofontes. Ideó entonces una estratégia para darle muerte, contratando a un grupo de Lidios, expertos en emboscadas y asaltos, con valentía y fuerza. Pero Belerofontes contaba con el instinto de Pegaso y su rápida huída ante el ataque por sorpresa, para luego arremeter con gracia y agilidad sobre sus enemigos, acercando a su dueño al combate sin posibilidad de sufrir éste ni un solo rasguño. Yóbates, finalmente, consideró no volver a intentar asesinar a Belerofontes y rendido ante la superioridad que había demostrado tener ante cualquier enemigo por peligroso que fuera, pidió que se uniera a su reino y se casara con su hija. Así hizo Belerofontes, ya enamorado de ella, y tuvieron tres hijos, dos varones, Isandro e Hipólito, y una hija, Laodamía.


Belerofontes parte a matar a la Quimera
de Alexander Andreyevich Ivanov

Belerofontes y la Quimera
Fotografía perteneciente a
Wikimedia Commons
Mosaico de Belerofonte y la Quimera
Mosaico de Belerofontes y la Quimera
Fotografía perteneciente a
Orsan

Bellerophon mata a la Quimera
de Giovanni Battista Tiepolo

Bellerophon mata a la Quimera
Fotografía perteneciente a
Occultopedia


Llegó entonces a oídos de Belerofontes cuáles habían sido las intenciones de Preto y cuáles fueron las acusaciones realizadas por Estenebea. En venganza, regresó a Tirinto y fue a ver a Estenebea, mintió declarando su amor a la dama, y la sedujo para que montara en Pegaso y huir con él para siempre. Cuando sobrevolaban la isla de Melos, arrojó a Estenebea al mar, donde encontró la muerte. Posteriormente, su cuerpo fue recogido por unos pescadores que la reconocieron y la entregaron al rey Preto.

Belerofontes se sintió todopoderoso y olvidó que sus dones sólo tenían origen en el que era su corcel, Pegaso. Comenzó a desdeñar abiertamente a los dioses y declaró a todos los que le conocían que era más poderoso que el mismo Zeus.

Vagaba errante por las llanuras de Aleya cuando consideró que su poder era tan grande que debía vivir como el más poderoso de los dioses en el Olimpo, y ordenó a Pegaso ascender hasta allí. Pero Zeus, irritado por su pedantería y falta de respeto, hizo que Pegaso desequilibrara al jinete y lo arrojara al vacío, el cual cayó a la llanura. No murió, pues Zeus no lo quiso, para que aprendiera a ser humilde, y el golpe que recibió en su caída lo dejó cojo de una pierna y ciego. Dependió de sus allegados hasta el día de su muerte.

Pegaso continuó su ascenso hacia el Olimpo, reclamado entonces por Zeus. Lo convirtió en su corcel predilecto y según la leyenda, Pegaso se encargaba de traer el rayo al dios y de hacer brotar agua de los manantiales.



Pegaso y las Piérides



El Concurso de Las Piérides, de Rosso Fiorentino
El Concurso de la Pierides
Fotografía perteneciente a
Gallery Of Art


Las hijas de Piero, rey de Macedonia, y de Evipe, se hacían llamar Piérides, y se jactaban de tener la voz más hermosa que pudiera existir. Piero estaba tan orgulloso de sus hijas que atravesó con ellas Tesalia y parte de Grecia para llegar al Monte Helicón donde competirían con las voces de las nueve Musas, por ello también llamada "La Montaña de las Musas". Las Piérides retaron a las Musas: «Si sois vencidas —dijeron las Piérides— nos cederéis el Parnaso y las floridas riberas del Hipocrene; si obtenéis la victoria os daremos los valles de Macedonia y buscaremos un asilo en los montes nevados de la Tracia». Las Musas aceptaron el reto. Comenzaron a cantar las hijas de Piero, relantando en sus cánticos las batallas de Zeus y los Gigantes con monótonos y largos versos, sin concordancia y sin vida. Respondió la Musa Calíope con un canto lleno de vida, un himno poderoso en honor a los dioses y la historia de Deméter.

Con la fuerza de aquellas voces, la montaña comenzó a crecer por la agitación que producían en las aguas del manantial oculto en su interior. Zeus, envió a Pegaso para que calmara la montaña que parecía a punto de desmoronarse, ya que Pegaso tenía poder sobre el agua de los manantiales, ríos y lagos. El caballo alado voló hasta ella y golpeó con una coz certera a la montaña, donde comenzó a brotar agua, llamándose desde entonces "La fuente de Hipocrene” o “La fuente del Caballo”.


Las Cuatro Musas con Pegaso, de Caesar van Everdingen (1617 1678)
Las Cuatro Musas y Pegaso
Fotografía perteneciente a
Ocean'sBridge

Parnassus, de Andrea Mantegna (1431–1506)
Parnassus
Fotografía perteneciente a
Palabras a... la red


Las ninfas de Parnaso, que ejercieron como jueces, consideraron que las voces de las Musas superaban sin duda alguna a las de las Piérides. Éstas, no contentas con la derrota, agredieron a las Musas, sin prever las consecuencias, y antes de llegar a ellas sus cuerpos se transformaron, surgiéndoles plumas negras y blancas, hasta convertirse en urracas, considerándose así la forma idónea que debían tener por ser impertinentes, charlatas y poseer una voz poco hermosa.

Pegaso, hizo brotar además el agua de otros manantiales del mismo modo, como el manantial de Trecén y fue un corcel tan amado por Zeus, que a su muerte lo convertiría en constelación, para que adornara el cielo nocturno y protegiera a sus súbditos, junto a las constelaciones de sus hijos y esposas.

Constelación de Pegaso
Constelación de Pegaso
Fotografía perteneciente a
Redorbit.com





FUENTES CONSULTADAS

Mitologia griega y romana: Diccionario Espasa. René Martín. Espasa-Calpe, 2004.
Diccionario de mitología griega y romana. Pierre Grimal. Paídos, 2004.






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